Creamos lo que a nosotras nos faltó.
Somos un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud. Nos unió una misma constatación: esta etapa está mal acompañada. Y decidimos hacer algo distinto.
Llegamos a Juntas y Plenas desde veredas distintas, pero con una historia en común. Algunas lo vivimos en carne propia. Otros lo vimos de cerca —en la consulta, con nuestras pacientes; y en casa, acompañando a nuestras parejas, hermanas y amigas—. Todos, tarde o temprano, nos topamos con lo mismo: una etapa enorme en la vida de una mujer, atravesada casi siempre en soledad y a oscuras.
Una de nosotras lo cuenta así. Sus menstruaciones se volvieron abundantes y frecuentes, como en la adolescencia. Su ginecólogo le propuso una histerectomía; buscó una segunda opinión y tampoco ahí nadie le preguntó por la perimenopausia, pese a que ya había pasado los 42. Después vino la bruma mental que no la dejaba trabajar, y una dificultad para nombrar las cosas y a las personas. Y algo de lo que casi nadie habla: la depresión y la ansiedad, que la llevaron a tratamiento psiquiátrico. Se sintió algo mejor, pero varios síntomas seguían sin encajar.
Vinieron la caída del pelo y las infecciones urinarias que volvían una y otra vez. Consultó con una especialista con años de experiencia, pensando que entendería. Cuando preguntó si todo esto podía ser perimenopausia, la respuesta fue un gesto con la mano, minimizándola.
«Me sentí ridícula y loca.»
Terminó haciendo lo que tantas hacen: estudiar por su cuenta lo que le pasaba. Con el tiempo, otra profesional la tomó en serio, pidió los exámenes correctos y confirmó lo que su cuerpo ya venía diciendo: era perimenopausia. Hoy está bien. Pero nunca olvidó lo que costó llegar hasta ahí.
Esa historia, con matices, la escuchamos una y otra vez. Y quienes la vimos desde el lado profesional —incluidos los hombres del equipo, que la observaron en sus consultas y en su propia casa— llegamos a la misma conclusión que ellas. No era falta de voluntad de nadie: era falta de una mirada que uniera los puntos.
A todas nos faltó lo mismo: que alguien mirara el conjunto
Cada especialista veía su parte —el sangrado, el ánimo, el pelo, la vejiga—, pero nadie unía los puntos. Y lo que más nos golpeó fue cuánto se ignora la salud mental en esta etapa: la ansiedad, la depresión y la bruma mental están entre los síntomas más frecuentes y, a la vez, entre los menos pesquisados. A muchas mujeres se les medica el ánimo sin mirar nunca las hormonas que hay detrás.
Por eso reunimos a un equipo interdisciplinario —matronería, psicología y kinesiología— en un mismo lugar: para que ninguna mujer tenga que peregrinar de consulta en consulta, ni estudiar sola su propio cuerpo, ni sentirse ridícula y loca.
Creemos que ninguna mujer debería atravesar esta etapa sola, ni sin que nadie la escuche.
Distintas miradas, una misma forma de acompañar
Somos un equipo interdisciplinario en formación: profesionales de matronería, psicología y kinesiología. Algunas mujeres que hemos transitado —o estamos transitando— esta etapa. Y también hombres, profesionales de la salud, que aportan su mirada humana, personal y profesional, porque han acompañado este proceso en sus pacientes y en las mujeres de su vida.
Nos une una misma convicción: esta etapa merece un acompañamiento cercano, riguroso y sin minimizar a nadie. A medida que el equipo crezca, lo irás conociendo aquí.
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Hacer mi MenoTestLos relatos de esta página corresponden a experiencias personales del equipo y no constituyen consejo médico ni recomendación de tratamiento. Los círculos de Juntas y Plenas son acompañamiento y educación en salud; las consultas 1 a 1 son atención individual realizada por profesionales con título, dentro del alcance de cada profesión. Nada de esto reemplaza la atención de tu profesional de salud tratante. Las decisiones sobre tratamientos, incluida la terapia hormonal, deben tomarse con un profesional de la salud.